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Reconvertidos foto: alexei
vassiliev
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Los agachados Anne Marie Mergier
PARÍS.- Antes de conocerse y de
crear The Yes Men, Mike Bonnano y Andy Bichlbaum ya
habían tenido la oportunidad de manifestar su talento en
electrónica y subversión.
En 1993, el primero
realizó extrañas operaciones quirúrgicas clandestinas:
intercambió los sistemas vocales de muñecas Barbie y de
muñecos GI de plástico. Resultado: niñas estadunidenses
oyeron a sus adorables muñecas gritar con voz viril: "Un
buen indio es un indio muerto", mientras que los
muchachos quedaron aterrados al escuchar a sus GI
predilectos repetir con tono afeminado: ¡Qué duuuuras
son las matemáticas!".
Los juguetes traficados
fueron colocados en estantes de tiendas de juguetes con
una nota en la que aparecían números de teléfono
"útiles" en caso de problemas. En realidad estos números
eran los de cadenas de televisión que se apuraron a
difundir esta noticia.
Bichlbaum, por su parte,
realizó tres años más tarde una "intromisión" en juegos
electrónicos. En 1996, trabajaba en la fabricación de un
juego de guerra llamado SimCopter. Se aburría
sobremanera. Para divertirse introdujo un batallón de
gays que aparecían repentinamente en medio de escenas de
combate y se besaban con pasión. La empresa tuvo que
recuperar a toda velocidad los 80 mil ejemplares de ese
"juego pernicioso" que ya circulaba en Estados Unidos.
Andy quedó desempleado.
El primer golpe de The
Yes Men fue contra George W. Bush cuando aún era
gobernador de Texas y ya soñaba con ocupar la Casa
Blanca. Crearon www.gwbush.com, un plagio del sitio en
internet del hoy presidente estadunidense en el que
denunciaron, entre otras cosas, la contaminación en ese
estado, los múltiples fracasos empresariales de Bush
junior, los lazos de su abuelo con los nazis y su gusto
por la cocaína en su loca juventud. Bush los insultó
públicamente y desató una tenaz persecución en su
contra.
Bichlbaum cuenta a la reportera que casi
todos los seis integrantes de The Yes Men se desempeñan
actualmente como profesores. No militan en partido o
grupo alguno. Son ciudadanos preocupados por la
globalización neoliberal y están dispuestos a colocar su
granito de arena en contra de esa máquina
implacable.
Su simpatía por el movimiento
altermundista es total. No descartan la posibilidad de
participar en el Foro Social Mundial y sueñan con
conocer al subcomandante Marcos, cuyo humor y entereza
les gusta mucho. Entre sus admiradores está el director
de cine iconoclasta Michael Moore y la ensayista Naomi
Klein, autora de No Logo, libro estrella de la
antiglobalización neoliberal.
Su nombre The Yes
Men tiene un sentido peyorativo en inglés: designa a
quienes dicen "sí" a todo. Podría traducirse como "los
agachados".
"Este nombre es parte de nuestra
estrategia de impostura", comenta Bichlbaum antes de
precisar: "No nos tomamos en serio, aun si lo que
evidencian nuestras bromas es sumamente serio. Nuestra
meta es divertir a la gente y al mismo tiempo llevarla a
interrogarse sobre este nuevo orden o desorden económico
que nos cae encima
"Pero nuestros golpes contra
Bush y sobre todo contra la OMC nos enseñaron algo
terrible: el límite de la sátira. Los llamados expertos
a quienes provocamos de manera descarada no vieron esa
sátira o no la quisieron ver. Es aterrador."
Con
la finalidad primordial de que el gran público
reflexione sobre lo que revela el letargo de sus
selectas audiencias de Austria, Finlandia y Australia
que los integrantes de The Yes Men decidieron relatar
sus hazañas en un libro y en un
documental.
"Antes sólo se sabía de nosotros por
lo que comentaban los periodistas. Ahora, gracias a
nuestro sitio en internet, al libro y al documental nos
comunicamos directamente con la gente. No nos interesa
la fama. Sólo queremos que nuestras próximas acciones
tengan más y más impacto."
Bichlbaum afirma hacer
lo imposible para que el documental circule cuanto antes
en América Latina, y espera que pronto su libro sea
traducido en español. Está convencido de que el público
latinoamericano va a saborear más que ningún otro su
corrosivo humor negro.
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